Las mujeres hacemos ciencia, pero ellos tienen más poder

¿Por qué cuando hablamos de cientificxs se nos viene a la cabeza la imagen de un varón blanco, hetero cis? ¿Qué desafíos enfrentan las mujeres y cómo es la brecha de género en la región? En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, dos científicas le cuentan a Carla Gago cómo hacerse visibles y fuertes en un espacio pensado para varones.

Las mujeres hacemos ciencia, pero ellos tienen más poder

Por Carla Gago
11/02/2022

Desde chica Irene Wais supo que quería dedicarse a la ciencia. Su curiosidad innata, el incentivo de sus padres (ambxs profesionales) y de la docente y botánica Encarnación Rosa Guaglianone la impulsaron a seguir adelante y pisar fuerte en un terreno liderado por hombres. “Rosita fue mi gran inspiración. Ella no sólo explicaba todo con detalle, sino que motivaba a las chicas, que éramos minoría en mis años de secundario, a estudiar una carrera de ciencia”, cuenta Wais, profesora universitaria, bióloga especializada en Ecología con un posgrado internacional en Evaluación de Impactos Ambientales. 

Wais nunca se quedó quieta. Mientras cursaba su carrera de grado en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires pensó en ser genetista, pero las lecturas de publicaciones que llegaban del exterior la inclinaron por la Ecología. Como la disciplina estaba poco desarrollada en la Argentina, al terminar su licenciatura aplicó a una beca para estudiar en los Estados Unidos y después hizo su posgrado en México. 

Ser mujer en ciencia no es fácil. “Mi trabajo es visible, pero me lo tengo que procurar yo. Los espacios hay que ganarlos, pero obviamente a las mujeres todo nos cuesta más que a los varones”, dice. Recuerda que en la Facultad de Exactas un profesor no admitía mujeres en su cátedra porque “se embarazaban y pedían licencia”. 

Si bien son cada vez más las mujeres que se abren paso en la comunidad científica, los datos revelan que aún tenemos un largo camino por delante. Según un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPECC), en Argentina un 27,6 por ciento del total de ocupadxs en los sectores de Ciencia y Tecnología (CyT) son mujeres. En Brasil, donde el 55,5 por ciento de la población femenina es afrodescendiente, sólo 6 de cada 100 profesionales se desempeñan en Ciencia e Ingeniería y 4 de cada 100 lo hacen en Tecnologías de la Información y Comunicación (TICs). En el caso de México, sólo el 24,6 por ciento de las mujeres de habla indígena participan del mercado laboral y menos del 1% logra hacer carrera en CyT

En relación a la brecha de género, CIPPEC señala que para hacer una análisis representativo e integral hay que tener en cuenta la segmentación horizontal, es decir, la asignación de tareas y áreas de trabajo en base a estereotipos de género. En Argentina, por ejemplo, hay una sobrerrepresentación de mujeres en las ciencias biológicas y de la salud (67 por ciento y 81 por ciento si se consideran los mandos medios) y poca especialización en ciencias naturales, exactas y tecnología. 

En el ámbito académico las desigualdades se replican: a pesar de tener más investigadoras mujeres, éstas publican menos que sus colegas varones, tienen menos acceso a financiamiento para proyectos y encuentran más barreras para ocupar puestos jerárquicos. 

Las cifras de 2020 del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) acompañan: un 61.1 por ciento son investigadoras asistentes y un 25.1 por ciento tienen categoría de investigadoras superiores. ¿Qué significa esto? Que a pesar de contar con más mujeres en organismos como el CONICET, pocas logran llegar a los escalafones más altos. 

No se trata de estar menos preparadas. El informe de CIPPEC muestra que 6 de cada 10 estudiantes de grado y tecnicatura en Argentina son mujeres. A pesar de que un 40 por ciento se gradúa de carreras relacionadas a CyT, sólo un 24 por ciento desarrolla una carrera en su campo de estudio. En este sentido, las disparidades en términos de cuidados, reproducción y sostenimiento de la vida son determinantes al momento de evaluar el crecimiento profesional de las científicas. 

“En mi caso he tenido dificultades vinculadas a las tareas de cuidado, a la crianza de hijos e hijas teniendo una carrera en la cual no es considerado ese tiempo al momento de avanzar, publicar y conseguir proyectos. Fue una etapa difícil. Si bien aún no hemos logrado cerrar la brecha de género, la situación está mejorando gracias a la visibilidad de las discriminaciones y a que hay más políticas públicas e institucionales al respecto”, dice Carolina Vera, docente, investigadora y vicepresidenta del Grupo de Trabajo I del Panel Intergubernamental sobre el cambio climático. 

Pero eso no es todo. Un artículo del colectivo Científicas de Acá ahonda sobre el impacto de las normas culturales y los sesgos de género en la ciencia y analiza los resultados de un estudio publicado por la revista Science en 2017. “Las conclusiones fueron que las mujeres son menos propensas a cursar títulos superiores en campos que, según la creencia establecida, requieren brillantez intelectual. Los estereotipos que otorgan una mayor habilidad intelectual a los niños que a las niñas emergen a los seis años”, resaltan. Por otra parte, la falta de información, orientación vocacional y sostén por parte del sistema educativo en todos sus niveles influye fuertemente en las concepciones y decisiones de infancias y adolescencias. 

Según estimaciones del Foro Económico Mundial podrían pasar más de 100 años hasta cerrar la brecha de género. Entender que detrás de la idea de ciencia impoluta hay personas de carne y hueso cuidando, maternando y creando conocimiento es un primer paso hacia la igualdad. Mientras, ellas siguen cultivando herramientas y derribando paredes de cristal para hacer del mundo un lugar un poco más justo, sostenible y menos desigual. 

Carla Gago