“Esa bestia que está sentada allá se llama Hugo Ramón Trentini y es el asesino de mi hijo. Es un asesino y un genocida”. Miriam Medina está de pie y lo señala. Ambos están en la sala del Tribunal Federal II, separados por un grueso blíndex. El represor, el mismo que por el asesinato de Sebastián Bordón carga 15 años, ahora es juzgado por crímenes de lesa humanidad en San Rafael, Mendoza. Miriam lo sigue a donde va. Ella espera que Trentini cumpla juicio y castigo por los 30.000 desaparecidos. Y aunque él pidió ofuscado que sacaran a Medina de la sala, la presidenta del Tribunal lo dirimió explicando la imposibilidad de hacerlo puesto que se trata de una audiencia oral y pública.

“Yo no soy querellante en esta causa. Pero no puedo hacer otra cosa que estar acá, viendo a esa bestia que torturó y desapareció a mi hijo. Y cuando todo eso ocurrió, este represor estaba en funciones después de haber actuado en la dictadura cívico militar”, dijo a Cosecha Roja Miriam Medina.

Trentini pidió parar la audiencia. No quiso seguir declarando. Dijo sentir “una energía que le hace mal como una fuerza de personas que no lo quieren”. No contestó preguntas, sólo dio a conocer a los jueces una larga lista de enfermedades. Requirió ser atendido por diabetes, por el corazón, por la vista. El tribunal dio lugar a la atención pero dentro de la Unidad Penitenciaria de San Felipe. “Acaba de decir que quiere la domiciliaria, que quiere ir a su casa para estar con su hijo de 47 años”, contó Miriam. “Además pidió que le unifiquen las dos causas (el asesinato de Bordón y los crímenes de lesa humanidad) y le bajen los años. Es imposible eso. Aunque lo que hizo con los desaparecidos es lo mismo que hizo con Sebastián”.

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El 26 de septiembre de 1997, de Moreno a Mendoza, Sebastián Sebastián Bordón se fue de viaje de egresados. Al día siguiente, chicos y profesores llegaron a El Nihuil, a 50 kilómetros de San Rafael y se prepararon para ir a una excursión. Sebastián le dijo a sus maestros Ana María Bava, Patricia Mabel Landalde y Jacinto Araujo, que no se sentía bien. Ninguno de ellos quiso dejar de hacer la excursión por lo que decidieron dejar a Sebastián en un destacamento policial. Una vez avisada la familia, su papá Luis se puso en viaje hacia Mendoza.

Hugo Trentini a cargo de la comisaría se comunicó con Miriam Medina dos veces. La primera vez le dijo que Sebastián estaba descompuesto pero bien. La segunda para decirle que el chico se había escapado. El 12 de octubre, el cuerpo de Sebastián fue encontrado en un barranco del río Atuel.

En juicio oral se probó que el chico escapó del destacamento y que salieron a buscarlo los policías Daniel Gómez, Roberto Gualpa y Alejandro Cubillos. Lo encontraron y lo golpearon hasta dejarlo inconsciente.

Sebastián fue tirado en un barranco. Por las pericias se supo que el chico agonizó varios días hasta que murió de hambre y sed.

Foto: La Palta