Lo chocó un policía y lo quieren meter preso

Walter Pavón cumple una condena condicional porque el policía que lo chocó con la moto en 2012 murió y él no tenía carnet: lo inhabilitaron para manejar por 5 años. Siete años después salió a trabajar y lo pararon en un control vehicular. Ahora lo quieren condenar a dos años y medio de cárcel efectiva.

Lo chocó un policía y lo quieren meter preso

Por Natalia Arenas
16/06/2022

A Walter Pavón un policía lo chocó con su moto en 2012. El policía murió porque se le desprendió el casco y Walter quedó con una discapacidad de por vida. Seis años después, Walter fue declarado culpable de homicidio culposo: le dieron una pena de prisión condicional de 2 años y 5 años con inhabilitación para conducir. La condena recién estuvo firme en 2019. 

Para el sábado 30 de noviembre de ese año a Walter todavía no le había llegado la notificación para firmar y empezar a cumplir la pena. Por eso no se preocupó cuando la policía de Tránsito lo paró en un control vehicular de rutina. 

Walter está en pareja hace más de 20 años con Luisina. Tienen cuatro hijos. El accidente de 2012 le dejó el 36 por ciento del cuerpo quemado: es que las dos motos, la del policía que lo chocó y la suya, se prendieron fuego. Al policía se le desprendió el casco, su cabeza pegó contra el asfalto y murió. Años después sus compañerxs de la motorizada lograron que les entreguen cascos seguros y de mejor calidad. 

Walter tuvo que someterse a varios tratamientos y operaciones. La rodilla nunca se recuperó: le quedó floja. La discapacidad saltaba en cada uno de los exámenes preocupacionales y terminó dejándolo afuera de varios trabajos. Como sabe cocinar, se las rebuscaba haciendo viandas y repartiéndolas, como podía, en bicicleta.  

Aquel sábado de 2019, cuando la Policía lo paró, Walter andaba en una moto con la caja de Pedidos Ya. Desde el accidente que no se subía a una. Por esos días le habían dicho que los pedidos de la aplicación también se podían entregar en bici. Y que se ganaba bien. Así que no dudó cuando su amigo le pidió como favor que entregara un pedido: un sobre con 2 mil pesos. Y, de paso, probara cómo funcionaba la aplicación. Ese podía ser un trabajo más fijo.

Walter se bajó de la moto y entregó los papeles. No tenía carnet de conducir. Por la radio del policía escuchó:

-¿Walter Pavón? ¿Estás seguro? Tiene un pedido de captura.

“Yo les dije que era imposible, que seguro se habían equivocado”, cuenta a Cosecha Roja. No se habían equivocado: como él había faltado a una audiencia por la causa del accidente, el juzgado le interpuso una orden de captura. A Walter nunca le había llegado la notificación de esa audiencia. 

Del control vehicular se lo llevaron esposado hasta la comisaría segunda de Rosario. Estuvo encerrado unas horas en una celda. Cuando lo soltaron, le devolvieron sus cosas, excepto el sobre con los 2 mil pesos, que no volvió a ver. Ni siquiera figura en el acta.

La Unidad Fiscal de Delitos Culposos de Rosario le abrió una causa por “quebrantamiento de una inhabilitación judicialmente dispuesta”. Es decir: por conducir un vehículo cuando estaba inhabilitado para hacerlo. La fiscal lo imputó y pidió una pena de seis meses de prisión efectiva. También pidió que se revoque la condicionalidad de la pena de la causa anterior, la del accidente de 2012. Es decir, Walter podría ir preso dos años y medio. 

“Yo pensé que tenía que cumplir la condena cuando me daban el oficio, no antes. Después del control vehicular, me entregaron el oficio, de ahí me fui al Patronato, presenté el oficio y a partir de ahí empecé a cumplir con la condena”, detalla. Y tiene razón: para cumplir la condena, primero tiene que estar notificado. 

Además de la inhabilitación a manejar por 5 años, Walter tiene que ir todos los meses a firmar al Patronato. En dos años y medio, nunca dejó de ir. “Llueva, haga frío, haga calor, fui hasta durante la cuarentena hasta que me avisaron que no tenía ir”, dice.

La noticia de la posibilidad de ir preso le llegó justo cuando él y su familia se estaban acomodando económicamente. Después de pasar por varios alquileres, endeudarse y terminar tirando unos colchones en la casa de lxs padres de Luisina, finalmente pudieron construir un hogar arriba de esa casa, en el barrio rosarino Villa La Lata. 

Walter se anotó en el monotributo y pudo poner una hamburguesería pegada a la casa. Ahí trabaja todo el día. Luisina es empleada doméstica y niñera en una casa particular. Se reparten las tareas de cuidado: ella trabaja en horarios rotativos, así que él se encarga de llevar y traer a sus hijxs Leonardo (14), Walter (11), Bianca (10) y Santino (9) de la escuela, de cocinarles, de llevarlxs al club. Uno de sus hijxs, Walter, tiene un retraso madurativo, así que su padre se encarga además de llevarlo todas las semanas a la fonoaudióloga y a la psicopedagoga. 

Recién el año pasado pudieron festejarle los cumpleaños a cada unx de lxs chicxs. Hasta se fueron de vacaciones a Córdoba por primera vez. 

Y entonces aparece esta nueva causa que, de manera inédita, lo podría llevar a la cárcel. 

El juicio empezó este miércoles y hoy jueves es la última jornada. La jueza María Trinidad Chabrera deberá dar sentencia en un plazo de cinco días.

“Hace tres semanas me avisaron del juicio. Fue un balde de agua fría”, dice. El martes todavía no había podido contarle a sus hijxs. “El más grande algo se imagina, porque vio la citación que me llegó. Pero no sabe que puedo ir preso”. Se lo iba a contar esa noche, después de cenar. 

Ni Walter ni Luisina saben cómo van a hacer si él va a la cárcel dos años y medio: con el sueldo de ella no sólo será imposible mantener económicamente a la familia, sino que nadie podrá encargarse de las tareas de cuidado. 

“Es una injusticia”, dice Walter. “Como está hoy Rosario, que vaya preso yo, un hombre trabajador que de a poco está saliendo a flote”. 

Sus amigos tampoco lo pueden creer: “Cómo te van a llevar en cana si estabas laburando”.

“Yo lo pongo todo en las manos de Dios. Pienso que va a ser lo que Dios quiera, no lo que el hombre quiera”, reflexiona. “Ojalá que salga todo bien, más que nada por mis hijxs”. 

Natalia Arenas