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Alrededor de las 6 de la tarde del 25 de septiembre Darío Ricardo Pérez -un chapista y pintor de 40 años- dio por terminado el asado por el festejo de su cumpleaños y fue con un amigo hasta la comisaría para denunciar la venta irregular de unos terrenos de la familia. En la vereda de la 10a de Santiago del Estero, la seccional donde hace cinco años asesinaron a golpes al albañil Ramón Vázquez, Darío discutió con los policías. La discusión derivó en pelea: un agente le pegó y él respondió el golpe. Entre cuatro policías lo tiraron al piso, le pegaron piñas y patadas y lo arrastraron hasta a un cuartito. Poco después de la madrugada un patrullero fue a buscar a uno de los siete hijos de Darío a la casa y lo llevaron a la seccional. Ahí le avisaron que su papá estaba muerto: “Se descompensó”, le dijeron.

Darío tenía 40 años y siete hijos de tres parejas distintas. Cuando la familia se enteró de su muerte, la fiscal Érika Leguizamón ya trabajaba en el caso. A las pocas horas el juez Fernando Viaña ordenó la detención del cabo José Luis Gómez, el oficial ayudante Maximiliano Téves, el cabo primero Jorge Jaime y el cabo primero Fernando Medina, chofer del móvil policial, por el delito de homicidio agravado.

Los investigadores reconstruyeron la escena de la paliza afuera de la comisaría a partir del testimonio del amigo de Darío y de una mujer que había ido a hacer una denuncia y esperaba en la calle. Pero todavía no saben qué pasó después de que los cuatro policías arrastraron el hombre hacia la comisaría. “Lo que sí sabemos es que en el lugar donde murió había una escena sangrienta”, contó a Cosecha Roja el abogado Mariano Gil, apoderado de la familia del chapista.

Los familiares que reconocieron el cadáver vieron que tenía hematomas en todo el cuerpo, los dedos quebrados, la nariz fracturada y la cara hinchada. El acta de defunción indicó que la causa de muerte fue “asfixia por sofocación”. Junto al cuerpo los forenses encontraron una bolsa ensangrentada. “Creemos que lo sometieron a la tortura del submarino seco”, explicó el abogado.

El informe completo de la autopsia podría aportar dos datos clave para la causa: la causa y el tiempo de muerte y si el lugar donde los policías dijeron que sufrió una descompensación es el lugar donde murió el chapista. También resta que el juez le tome declaración a algunos testigos. “Hay algunas declaraciones de detenidos y policías muy discímiles. Una vez que tengamos el resultado de la autopsia vamos a poder saber qué pasó”, dijo Gil.

El abogado que representa a la familia de Darío es el mismo que acompaña a los familiares de Ramón Vázquez, el albañil de 43 años que en septiembre de 2013 fue detenido de manera irregular y murió después de ser torturado en la misma comisaría.

Después de cinco años nueve policías de la comisaría 10 de Santiago del Estero están siendo juzgados por el crimen de Ramón y por las torturas a otras cuatro personas.

A diferencia del caso de Ramón, los policías responsables de la muerte de Darío no limpiaron la escena del crimen. “Actuaron de manera diferente, por algún motivo el lugar donde fue encontrado el cuerpo no estaba tan limpio: había sangre por todas partes que demostraban las torturas y las vejaciones. Hasta estaba la bolsa ensangrentada”, explicó el abogado.

Los cuatro policías están acusados de homicidio agravado por ser cometido por funcionarios públicos en funciones, un delito que prevé una pena a perpetua. Los abogados de la familia creen que la carátula debería cambiar a “torturas seguidas de muerte”. Aunque la pena es la misma, creen que refleja de manera más fiel lo que pasó con Darío en la comisaría 10.