Feminismo sin fronteras: así fue el Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan en Chiapas

Más de 4 mil mujeres de 49 países de todo el mundo se congregaron entre el 26 y el 29 de diciembre en México, convocadas por las representantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Feminismo sin fronteras: así fue el Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan en Chiapas

Por Cosecha Roja
03/01/2020

Por Mora Vinokur y Luciana Kirjner*

Fotos: Mailen Fox

“Eso que se necesita es que nunca más ninguna mujer, del mundo que sea, del color que sea, del tamaño que sea, de la lengua que sea, de la cultura que sea, tenga miedo”. Con esta premisa, las mujeres del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) convocaron al Segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan, entre el 26 y 29 de diciembre en el semillero “Huellas del caminar de la Comandanta Ramona”, perteneciente al Caracol Morelia, en Chiapas. 

“¿Cómo te organizaste? ¿Qué hiciste? ¿Qué pasó? Porque dicen que hay avances en las luchas feministas, pero nos siguen asesinando”. Este año el número de violentadas y asesinadas en el mundo no disminuyó, por eso la convocatoria a este Encuentro tiene un sólo tema: la violencia hacia las mujeres. Es esta situación de vulnerabilidad, de miedo, dolor y rabia lo que nos une a tan diversas identidades que concurrimos y compartimos el compromiso de luchar, con distintos pensamientos, experiencias y estrategias.

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La tarde del jueves 26 de diciembre llegamos al caracol Morelia, donde nos esperan las mujeres zapatistas con un cartel gigante de bienvenida. Cada una de nosotras se registra con un código único de ingreso y recibe una credencial para colgar con nuestro nombre, país y colectivo de pertenencia. Hasta ese día había registradas 3259 mujeres de 49 países, muchas de ellas acompañadas por sus hijxs.

No se permite la presencia de hombres. Por eso, las zapatistas tomaron recaudos para que todo sea realizado exclusivamente entre mujeres: aprendieron a conducir, para poder llevarnos hasta la entrada del predio, se perfeccionaron en el oficio de electricistas e incorporaron herramientas de comunicación y grabación.

Nosotras formamos parte de un grupo de ocho vans organizadas por viajeras de distintos países y mexicanas que salieron desde San Cristóbal de las Casas, un pueblo bastante turístico del estado de Chiapas, a tres horas del caracol. Ya en el viaje sentimos esa euforia, autoorganización y mutuo cuidado, que atravesaría luego a todo el Encuentro. Entre mates y galletitas, nos contamos nuestras historias y lo que nos convocaba a participar de tan ansiada experiencia.

Los primeros rayos del sol anuncian el comienzo de la jornada. Desde temprano hay música y las zapatistas nos esperan con ricos desayunos. Al mediodía del viernes 27 es el acto inaugural. Hacemos una ronda inmensa alrededor de la explanada central, frente al templete (construcción formada por columnas y techo, que fue el principal espacio de propuestas compartidas y actividades culturales, así como el punto de referencia para Encuentro). 

Foto: Mailen Fox

Foto: Mailen Fox

Las milicianas e insurgentas zapatistas se ubican al frente y después del discurso inaugural ofrecen un saludo performativo que finaliza con la formación de un caracol humano. La comandanta Amanda da la bienvenida a las hermanas compañeras de México y del mundo y nombra a cada país representado. En el llamado a que no nos dividan las geografías, pensamientos y formas de luchas, también convoca a que no nos dividan los calendarios: que las jóvenes cuidemos a las mujeres de juicio que a lo largo de su vida no se han vendido ni rendido al sistema patriarcal, y que éstas a su vez respeten a las jóvenes en sus luchas. Dice que las diferencias no son una debilidad sino una fuerza poderosa para unirnos en la lucha. Y destaca que no hubo ninguna mujer zapatista asesinada o desaparecida este año, en un país en el que se estiman entre nueve y diez femicidios por día. 

La comandanta propone la articulación en torno a la violencia hacia las mujeres como tema central del Encuentro, organizado a lo largo de tres ejes en tres días: el primer día gritamos de dolor y coraje, será un día dedicado a denunciar la violencia que sufrimos, a través de un micrófono abierto. El segundo día compartimos experiencias de lucha, ideas y trabajos, para que se acabe esta pesadilla. Y el último día gritamos de alegría y fuerza, con el arte, la cultura y la fiesta como medios.

Después del acto inaugural, se abre el micrófono. Cientos de mujeres relatan sus historias de violencia, contenidas por la escucha de las compañeras y el canto de “No estás sola”.

Recorremos el campamento y nos topamos constantemente con rondas pequeñas y gigantes, compañeras que vendían sus artesanías, círculos de canciones. Hay talleres autoorganizados y espontáneos: yoga, autodefensa, sanación, masajes, conversaciones sobre formas de violencia, cultura canábica, experiencias de lucha (incluso llegamos a escuchar la experiencia de una integrante del Ejército de Mujeres Kurdas). También llamados a la reunión de mujeres por afinidad y para formar red: mujeres viajeras, comunicadoras, maestras, así como por nacionalidad.

En estas rondas de mujeres de distintas procedencias se relatan historias en las que todas empatizamos, tanto en las situaciones de violencia y desigualdad machista, como en las formas de organización y lucha: una directora de arte chilena, con el dilema de tener que ajustarse a los patrones estéticos hegemónicos y comerciales; una trabajadora de una empresa multinacional en Ciudad de México, asediada por su jefe machirulo y discriminada en su salario frente a sus pares varones. En esta larga conversación reafirmamos esa frase que también resuena en los encuentros organizados de Argentina: volvemos de estos encuentros y ya no somos las mismas.

Con el atardecer se inaugura en el micrófono un espacio para cantos de todo el mundo y otras expresiones artísticas en el templete. Una artista recita el poema viralizado como “Negra soy”, varias comparten sus canciones y temas conocidos por todas. Está la artista chilena Mon Laferte, conocida por su compromiso en la lucha feminista y en contra de la violencia ejercida por las fuerzas represivas chilenas en este último tiempo.

Esta noche, como la siguiente, se inunda de alegría, risa y fiesta, compartida de distintas maneras por las participantes organizadas en todos los rincones del campamento. Participamos de una clase de twerk y nos morimos de risa intentando seguir los pasos.  Unos metros más allá nos encontramos con un círculo de canto a la luna, que incorpora mantras y malabares con fuego. Seguimos caminando y nos topamos con una ronda de compañeras brasileras cantando y bailando canciones de protesta propias de su país, en defensa de los derechos de las mujeres negras.

Foto: Mailen Fox

Foto: Mailen Fox

La euforia y energía nos hace olvidar el frío y el cansancio acumulado. Para coronar estas jornadas intensas, antes de irnos a dormir nos juntamos con compañeras a tomar un chocolate caliente y decantar la sensaciones.

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La hospitalidad de las zapatistas despierta en todas las asistentes ese compromiso por el cuidado del espacio y de las otras que prima en el movimiento feminista. Esto lleva a que nos apropiemos de la responsabilidad de mantener limpio el predio, ayudarnos y organizarnos a un nivel que nunca antes habíamos visto en un evento tan masivo. 

Una regla central del Encuentro, que la mayoría de nosotras cumplimos con respeto, era la prohibición del consumo de alcohol y drogas, sustancias que la comunidad zapatista decidió suprimir de sus vidas como forma de combatir las violencias machistas en su organización.

Carolina tiene 25 años, nació prácticamente a la vez que el EZLN y creció con su desarrollo y aprendizajes. Conoció a la Comandanta Ramona, una de las primeras referentas por los derechos de las mujeres dentro de la organización, y se inspiró en sus enseñanzas como mujer luchadora. Nos cuenta que para planear el Encuentro tuvieron reuniones periódicas con representantes de los cinco caracoles activos actualmente. El Encuentro contó con cien organizadoras, veinte por cada caracol, encargadas de discutir propuestas y luego llevarlas a sus bases. Nos dice que desde la organización sienten el deber de comunicar a otras comunidades su visión sobre lo que está pasando en México y el resto del mundo y conversar sobre las injusticias que muchas veces esas comunidades no perciben como tales. 

Terminamos la charla conmovidas por la cercanía en edad y las diferencias en lo vivido, pero al mismo tiempo riéndonos de sensaciones, preocupaciones y esperanzas compartidas.

Foto: Mailen Fox

Foto: Mailen Fox

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Es el segundo día del Encuentro y la tarde está llena de espacios donde compartir experiencias y propuestas. Algunas de la que escuchamos son la elaboración de protocolos de seguridad, distintos trabajos de autodefensa, espacios de trueque, red de profesionales en distintas áreas, la utilización de medios electrónicos para la denuncia y para formar redes, articulación y uso de medios alternativos, cuestionar el amor romántico, entre otras.

Nos quedamos un largo rato escuchando la presentación de un colectivo de mujeres de comunidades de Chiapas, de habla tzeltal, que comparten unos mantos bordados que utilizan como medios de comunicación para expresar su preocupación por la violencia machista y capitalista. Estas mujeres hacen hincapié en la relación entre las mujeres y la tenencia de las tierras. Alrededor de esta experiencia nos encontramos atentas, reconociendo esta problemática común que afecta a comunidades en todo el territorio latinoamericano, en el cual abundan los recursos pero sujetos en pocas manos, de varones y generalmente capitales extranjeros o multinacionales. Escuchamos una vez más cómo a las comunidades se las expropia de sus tierras y se las obliga a tener otros trabajos muy precarizados y por poco dinero. Ellas proponen la necesidad de fortalecer la propiedad social frente a la privatización de las tierras, para lo cual es necesario participar en los espacios de toma de decisión de los que se encuentran excluidas a pesar de ser quienes están al frente de la lucha.

En este eje se condensa una preocupación que atravesó muchas discusiones en el Encuentro, acerca de si las estrategias de defensa de derechos y de resistencia tienen que articularse con el Estado o transcurrir por fuera y en contra de éste. Creemos que también en este punto resulta difícil plantear conclusiones transversales a todas las experiencias y países, de acuerdo a sus historias diversas, los recursos con los que se cuenta, las alianzas que puedan o no ser posibles, la ubicación geopolítica, siempre teniendo en cuenta la presión e intereses de los poderes económicos y políticos nacionales e internacionales.

Foto: Mailen Fox

Foto: Mailen Fox

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La mañana del domingo 29, el último día del Encuentro, nos encuentra participando de una performance que inicia el programa artístico de la jornada. Más de cien mujeres formamos un caracol humano en el que lloramos y nos abrazamos, y después saltamos y bailamos. Descargamos la bronca por la opresión al grito de himnos feministas que ya dieron la vuelta al mundo: “ni una menos, vivas nos queremos”, “nos tienen miedo porque no tenemos miedo”, “la lucha feminista por América Latina”, “nunca pero nunca me abandones en la lucha”. 

En ese espacio performativo, nuestros cuerpos se hacen eco de la invitación de las mujeres zapatistas a unirnos, compartir, organizarnos, y de la fuerza que emanan el caracol mismo y tantos cuerpos que buscan aprender y entrelazar sus luchas. 

Si bien la invitación a articular es a las mujeres que luchan en el mundo, nosotras consideramos que la situación de vulnerabilidad no se limita a ellas, sino que es compartida por lesbianas, bisexuales, travestis, trans, no binaries, entre otrxs. Las zapatistas piden respeto a los distintos pensamientos y modos de luchar, a las experiencias que otrxs sujetxs sintieron frente a la violencia machista. Es desde su impulso a tomar la diferencia como potencia que creemos que una articulación de demandas más diversas se podrá lograr, permitiendo que más sectores se sientan convocadxs a participar en el futuro. 

Nos llevamos la potencia de que las diferencias aunadas por la vulnerabilidad compartida nos ayuden a multiplicar las luchas y resistencias. Y, como dicen las zapatistas, que la lucha no tiene descanso, y que en todo el mundo sabemos que están, y que nos acompañamos, compañerxs luchando por construir “un mundo en el que quepan muchos mundos”.

*Sociólogas. Integrantes de MAGMA, una colectiva con perspectiva feminista que cruza expresiones artísticas, culturales y política, en Simona Espacio Cultural, en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Instagram: @magmafeminista