
Su hijo, Walter Eduardo Olivera (50), había tomado de más. Discutieron, él se le abalanzó y empezó a presionar con las dos manos el cuello de la mujer. Eran alrededor de las nueve de la noche.
Cuando llegó la policía, la mujer estaba tirada en el piso y se le notaban las marcas en la zona de la garganta. Su hijo confesó el crimen. Cuando lo detuvieron y trasladaron a la comisaría 32 de la ciudad, todavía seguía borracho.
